
La explosión sobre Isfahán fue más que un estallido espectacular; fue un mensaje contundente transmitido a través del fuego. Bajo esa ciudad se encuentran las reservas de uranio enriquecido al 60% de Irán y sus extensas fábricas de misiles, el corazón endurecido de un régimen que ha pasado décadas sepultando sus ambiciones bajo hormigón y roca. Cuando Trump publicó el vídeo del ataque, no solo compartió un fragmento, sino que amplificó una señal de escalada, transmitiendo un momento que el Pentágono aún se negaba a explicar en tiempo real.
La Operación Furia Épica, tras la incursión del año pasado conocida como Martillo de Medianoche, marca un patrón: Estados Unidos e Israel persiguen las armas de Irán en su propio territorio, en las ciudades subterráneas de misiles construidas con la ayuda de Corea del Norte y China. Cada incursión puede dejar más arsenal de Teherán atrapado en túneles destruidos, pero también profundiza el conflicto, tanto literal como políticamente. Entre las publicaciones en Truth Social y las imágenes satelitales, la línea entre la disuasión y el desastre se vuelve aterradoramente delgada.