¿Está Europa preparada para la guerra? ¿Por qué Bruselas corre contrarreloj?
Tras la invasión a gran escala de Ucrania por parte de Rusia, la creciente presión de Estados Unidos y las advertencias cada vez más directas de los líderes militares, la Unión Europea se enfrenta a una realidad que antes parecía impensable: la necesidad de fortalecer su propia preparación para la defensa.
Durante años, Europa dependió de la diplomacia, la integración económica y sólidas alianzas transatlánticas para mantener la paz y la estabilidad. Hoy, esa confianza comienza a desvanecerse. Con la guerra en Ucrania en curso y el aumento de las tensiones geopolíticas, los líderes europeos se movilizan con rapidez para reforzar las capacidades militares, industriales y estratégicas del continente.
Un continente bajo presión
La creciente sensación de urgencia no surgió de la noche a la mañana. La invasión rusa de Ucrania hizo añicos las antiguas suposiciones sobre la seguridad en Europa. Al mismo tiempo, las señales de Washington se han vuelto más claras: Europa debe asumir una mayor responsabilidad en su propia defensa.
Los líderes europeos se enfrentan ahora a un difícil equilibrio: disuadir una posible agresión y al mismo tiempo mantener la unidad entre los estados miembros de la UE.
En diciembre, los líderes de la UE acordaron un paquete de préstamos de 90 000 millones de euros para apoyar a Ucrania. Mientras tanto, Ursula von der Leyen anunció varias iniciativas de defensa diseñadas para fortalecer la capacidad de disuasión de Europa para 2030.
Al mismo tiempo, la retórica global se ha intensificado. Vladimir Putin advirtió que Rusia estaba preparada para continuar la lucha si fuera necesario y sugirió que las opciones diplomáticas se estaban reduciendo. Casi al mismo tiempo, el secretario general de la OTAN, Mark Rutte, lanzó una severa advertencia, afirmando que la OTAN podría enfrentarse a un posible ataque en los próximos cinco años.
El ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, también expresó su preocupación, sugiriendo que Europa puede haber experimentado su “último verano de paz”.
En conjunto, estas advertencias ponen de relieve una creciente creencia entre los funcionarios de seguridad de que la amenaza de conflicto en Europa ya no es puramente hipotética.
¿Están los europeos personalmente preparados para la guerra?
Mientras que los líderes políticos se centran cada vez más en la preparación para la defensa, la opinión pública en toda Europa cuenta una historia diferente.
Una encuesta de Euronews preguntó a casi 10.000 personas si estarían dispuestas a luchar por las fronteras de la UE. Los resultados mostraron que el 75 % de los encuestados respondió que no. Solo el 19 % afirmó estar dispuesto a luchar, mientras que el 8 % se mantuvo indeciso.
Estos hallazgos revelan una clara brecha entre las estrategias gubernamentales y el sentimiento público.
Las encuestas también muestran que el miedo a la agresión rusa es mayor en los países más cercanos a Rusia. Una encuesta de YouGov reveló que la presión militar rusa es considerada una de las principales amenazas por el 51% de los polacos, el 57% de los lituanos y el 62% de los daneses.
En toda Europa, las preocupaciones por los conflictos armados ahora se ubican, junto con la inestabilidad económica y la seguridad energética, como importantes preocupaciones públicas.
Europa del Este toma la delantera
Aunque la amenaza es ampliamente reconocida, los preparativos más visibles están teniendo lugar en Europa del Este.
Países como Lituania, Letonia, Estonia, Polonia, Finlandia y Suecia han comenzado a preparar a sus poblaciones tanto práctica como psicológicamente para posibles crisis.
Lituania ha comenzado a construir “muros antidrones” a lo largo de sus fronteras y a restaurar humedales como barreras defensivas naturales. Las campañas de concienciación pública y los ejercicios de defensa civil son cada vez más comunes.
Letonia ha introducido la educación obligatoria en defensa nacional en las escuelas, mientras que Polonia ha construido nuevas barreras fronterizas con Bielorrusia y ha ampliado los programas de educación en seguridad. Algunas escuelas secundarias polacas ya incluyen instrucción sobre seguridad con armas de fuego.
Mientras tanto, Finlandia, Estonia y Suecia han retomado las estrategias de defensa civil de la época de la Guerra Fría. Suecia incluso distribuyó folletos actualizados “En caso de crisis o guerra” a todos los hogares en 2025, explicando cómo debían responder los ciudadanos ante emergencias como cortes de electricidad, evacuaciones o conflictos militares.
Las tendencias de búsqueda también reflejan una creciente preocupación. En países cercanos a Rusia, las búsquedas en línea de preguntas como “¿Dónde está el refugio más cercano?” y “¿Qué debo empacar para una evacuación?” han aumentado significativamente.
Lo que Bruselas está haciendo entre bastidores
Mientras los gobiernos nacionales toman medidas, Bruselas está coordinando un esfuerzo europeo más amplio.
El gasto de defensa de la UE superó los 300.000 millones de euros en 2024. En el presupuesto de la UE propuesto para 2028-2034, se han asignado 131.000 millones de euros adicionales al sector aeroespacial y de defensa, cinco veces más que en el ciclo presupuestario anterior.
La estrategia se centra en Readiness 2030 , un plan respaldado por los 27 Estados miembros de la UE. Sus objetivos están diseñados para mejorar la movilidad militar en toda Europa.
El plan pretende permitir que las tropas y el equipo crucen las fronteras de la UE en un plazo de tres días en tiempos de paz y de seis horas en situaciones de emergencia. Para lograrlo, la UE está desarrollando un sistema de «Schengen Militar» que eliminaría las demoras burocráticas.
Se están identificando y modernizando aproximadamente 500 infraestructuras críticas, como puentes, túneles, puertos y redes ferroviarias, para que puedan albergar equipo militar pesado. Se estima que el coste total oscila entre 70 000 y 100 000 millones de euros.
ReArm Europe: Fortaleciendo la industria de defensa
En 2025, Bruselas lanzó ReArm Europe , una importante iniciativa diseñada para coordinar la inversión en defensa y ampliar la capacidad militar-industrial de Europa.
Durante décadas, el sector de defensa europeo ha luchado contra la fragmentación, con múltiples sistemas nacionales y equipos incompatibles. ReArm Europe busca optimizar la cooperación y reducir la duplicación.
Dos programas principales forman la base de este esfuerzo:
- EDIP (Programa de la Industria Europea de Defensa) : 1.500 millones de euros dedicados a proyectos conjuntos de investigación, desarrollo y producción en los que participan varios países de la UE.
- SAFE (Strategic Armament Financing Envelope) : un préstamo de 150.000 millones de euros que permite a los países comprar conjuntamente equipo militar con mayor rapidez y a menor coste.
Estos programas alientan a las naciones europeas a colaborar, negociar mejores acuerdos de adquisición y garantizar que sus sistemas de defensa puedan operar juntos de manera efectiva.
Creciente presión de Estados Unidos
La presión de Washington también se ha intensificado.
Una estrategia de seguridad nacional de Estados Unidos publicada el 4 de diciembre describió a Europa como un socio debilitado y reafirmó un enfoque de “Estados Unidos primero”, haciéndose eco de críticas anteriores del expresidente estadounidense Donald Trump respecto del gasto de defensa de Europa.
Estados Unidos espera que Europa asuma la responsabilidad de la mayor parte de la defensa convencional de la OTAN para 2027, un plazo que muchos funcionarios europeos consideran demasiado ambicioso.
En la cumbre de la OTAN de 2025 en La Haya, los Estados miembros acordaron alcanzar un gasto de defensa equivalente al 5% del PIB para 2035. Sin embargo, la mayoría de los países europeos siguen muy por debajo de ese objetivo.
Estos acontecimientos han suscitado preocupación en Bruselas ante la posibilidad de que Europa no siempre pueda confiar en las garantías de seguridad incondicionales de Estados Unidos.
Europa responde
Los dirigentes europeos han respondido con firmeza a estas preocupaciones.
El comisario europeo Valdis Dombrovskis abogó por una mayor independencia europea en materia de defensa. Mientras tanto, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y la jefa de política exterior de la UE, Kaja Kallas, rechazaron las sugerencias de que Estados Unidos debería influir en las decisiones políticas europeas.
Destacaron que las alianzas fuertes aún deben respetar la independencia democrática.
El intercambio pone de relieve una creciente división entre Europa y Estados Unidos respecto de la estrategia de seguridad a largo plazo.
Una carrera contra el tiempo
A pesar del aumento del gasto y del impulso político, los expertos advierten que la financiación por sí sola no puede resolver los desafíos de defensa de Europa.
Décadas de subinversión han dejado problemas estructurales profundos, incluidos procesos de adquisición lentos, barreras regulatorias e industrias de defensa fragmentadas.
Los primeros datos de la Encuesta sobre la preparación industrial para la defensa de la UE confirman estos problemas, con retrasos y una capacidad de producción limitada que siguen afectando al sector.
Aunque Bruselas ha comenzado a introducir reformas regulatorias y reglas de financiación flexibles, reconstruir las capacidades de defensa de Europa llevará tiempo.
¿Qué viene después?
El interés en las nuevas iniciativas de defensa europeas ya es alto. Solo el programa SAFE ha recibido solicitudes para casi 700 proyectos, con cerca de 50 000 millones de euros solicitados para sistemas como defensa aérea, misiles, drones, munición y equipo naval.
Se podrían liberar hasta 22.500 millones de euros en financiación anticipada hasta 2026.
Sin embargo, los plazos siguen siendo ajustados. Europa debe modernizar su industria de defensa, mantener el apoyo a Ucrania y responder a las advertencias cada vez más serias de la OTAN y los líderes mundiales en materia de seguridad.
Como ahora reconocen los funcionarios europeos, el debate ha cambiado.
La cuestión ya no es si Europa debe reforzar su defensa.
La verdadera pregunta es si podrá hacerlo con la suficiente rapidez.